Poemas destacados del mes de Febrero

Febrero es un mes lleno de matices: el amor, la reflexión y el despertar de nuevas emociones que laten en el aire. En este mes, que nos invita a celebrar el afecto y la conexión humana, nos tomamos un momento para rendir homenaje a la palabra, a esa fuerza que puede transformar lo cotidiano en algo sublime.

Poeta: Juan Gelman

Poema: “El juego en que andamos”

Si me dieran a elegir, yo elegiría

esta salud de saber que estamos muy enfermos,

esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría

esta inocencia de no ser un inocente,

esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría

este amor con que odio,

esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,

que me juego la muerte.

Autor: Mirta Rosenberg

Poema: “Utilidad de la poesía a las tres de la mañana”

Oscuridad. Un poco de silencio.

No hay viento. Ni llueve.

No ayuda la naturaleza

a hacer la hora

menos callada.

Con los ojos abiertos en la oscuridad

pienso rimas: de silencio

todo lo que reverencio;

de naturaleza su delicadeza

o su fortaleza, aunque nada

me da. La hora está vacía.

El ahora está vacío.

Si no viene la poesía,

no habrá nada.

El miedo vendrá.

Autor: Héctor Viel Temperley

Poema: “El nadador”

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.

Soy el hombre que quiere ser aguada

para beber tus lluvias

con la piel de su pecho.

Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo

para tus lluvias mansas,

para tus fuertes lluvias,

para todas tus aguas.

Las aguas como lonjas de una piel infinita,

las aguas libres y la de los lagos,

que no son más que cielos arrastrados

por tus caídos ángeles.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.

Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas

aguas de los arroyos

se sostiene vibrante,

como en medio del aire.

Mi cuerpo que se hunde

en transparentes ríos

y va soltando en ellos

su aliento, lentamente,

dándoselo a aspirar

a la corriente.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada

hasta las lluvias

de su infancia,

que a las tardes crecían

entre sus piernas salpicadas

como alto y limpio pajonal que aislaba

las casonas

y desde sus paredes

celestes se ensanchaba.

Soy el nadador, Señor, el hombre que nada

por la memoria de las aguas

hasta donde su pecho

recuerda las pisadas,

como marcas de luz, de tus sandalias.

Y recuerda los días cuando el cielo

rodaba hasta los ríos como un viento

y hacía el agua tan azul que el hombre

entraba en ella y respiraba.

Soy el hombre que nada hasta los cielos

con sus largas miradas.

Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.

Gracias doy a tus aguas porque en ellas

mis brazos todavía

hacen ruido de alas.

Autor: Alejandro G. Roemmers

Poema: “El agua de la vida”

COMO Vida que surge hacia la vida

se desprende el vapor del Mar eterno.

Forma el hombre una nube vagabunda

en el viento fugaz de su existencia.

Y en la muerte regresa como lluvia

confundido por siempre entre sus olas.

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