La poesía de los paisajes argentinos

En esta ocasión, les invitamos a recorrer los paisajes de Argentina a través de la poesía, un viaje lírico que nos lleva desde las vastas pampas hasta los imponentes picos de los Andes, pasando por los misteriosos valles de la Patagonia y la belleza serena del litoral atlántico. Los poetas argentinos, en su relación profunda con la tierra, han sabido captar no solo la magnificencia de estos paisajes, sino también las emociones y vivencias que surgen al convivir con ellos.

Autor: Washington Atencio

Poema: “Decir río

 Cómo frenar

la corriente de un

cuerpo que suena

a desborde

cómo empujar

un músculo, recortar

un sonido, alcanzar

con la lengua

el nombre que se ama

cómo decir

río

hombre

deseo

sin que el agua nos atropelle.

Autor: Laura Kiener

Poema: “Aguas provinciales”

Tengo un río en la ventana de mi casa

desearía meterme adentro

que las palomas

me enseñen cómo hacen

para mojarse la panza

con esa convicción

de no congelarse

quiero caminar sobre el agua

dejar de creer

que todo lo que piso

debe ser firme

el líquido se mueve me pide

que rompa las paredes

que lo desborde para volver

a hospedar en su interior

peces niños chapoteantes

ruega viajar a sus anchas

sin paredes que marquen

“no te agites no te ensucies

nadie quiere un río de verdad”.

Autor: Belén Zavallo

Poema: “El dios liquido”

El río tiene escamas y nada sobre su propia panza.

Invita a los dorados a esconderse detrás de sus islas

los deja que salten y que reflejen su costado más claro.

El río tiene la bondad de un dios generoso.

Ruge su hambre divina

y el enojo de su estómago ancla un trueno en sus tripas.

Un día su boca escupió un cuerpo

lo encontró un remero, dijo: es Fiorella

y todos vieron en la tele cómo la camilla llevaba

un bulto tapado con sábanas blancas.

Ella cayó con la tormenta en El Antoñico

y viajó por los túneles debajo del cemento

mientras la buscaban repitiendo su nombre en rezos

bañados de una lluvia imparable.

El río chupa cada vertiente de esas venas.

Deja que le depositen plásticos, latas y huesos.

Toma como ofrenda o en un gesto resignado

acepta, porque el río es un altar.

Algún día las aguas van a volver por lo que dieron

y van a llenar

cada orilla del ojo que lo mire

con sus escamas.

mbre de una rama.)

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