Poemas de viajes y descubrimientos

En esta selección de poemas, nos embarcamos en un viaje tanto exterior como interior, explorando paisajes lejanos y también los rincones más profundos de nuestra existencia. Los versos nos invitan a descubrir nuevos horizontes, a cuestionar lo conocido y a abrazar el proceso de transformación que surge al enfrentarnos con lo desconocido. Ya sea a través de un viaje físico a tierras lejanas o de una travesía personal hacia el autoconocimiento, estos poemas nos recuerdan que cada paso, cada encuentro, tiene el poder de revelarnos algo nuevo sobre el mundo y sobre nosotros mismos. ¡Que este viaje poético despierte en ti el deseo de explorar y descubrir!

Autor: Mercedes Araujo

Poema: “Viajar sola

La travesía no será aliviada.

Nací entre montañas, persigo la hierba

y ansío el desierto.

El desierto iguala a los peregrinos.

¿Y a las peregrinas?

A las peregrinas nos mueve la luz

que se desplaza.

Autor: Diego Bentivegna

Poema: “Carta a K”

Hay además un hecho​​ 

en verdad digno de admiración,​​ 

y es que en el Reino de Chile,​​ 

en la parte occidental de los Andes

en la costa del mar Pacífico,​​ 

no se encuentra víbora, ni serpiente,​​ 

ni ningún otro animal,​​ 

ni se sienten nunca​​ 

rayos, ni truenos,​​ 

al contrario de lo que pasa​​ 

en la parte oriental de la dicha montaña,​​ 

donde se encuentran –en el desierto​​ 

de las pampas que van hasta el Paraguay–

serpientes​​ 

y otros innumerables​​ 

animales venenosos​​ 

y no faltan estrépitos de truenos y de rayos​​ 

y otros fenómenos,​​ 

y los cambios meteorológicos​​ 

son frecuentísimos.​​ 

Cuál sea la causa de ellos​​ 

queda reservado a ti,​​ 

Athanasius, investigarlo.​​

Autor: Belén Zavallo

Poema: “El dios líquido”

El río tiene escamas y nada sobre su propia panza.

Invita a los dorados a esconderse detrás de sus islas

los deja que salten y que reflejen su costado más claro.

El río tiene la bondad de un dios generoso.

Ruge su hambre divina

y el enojo de su estómago ancla un trueno en sus tripas.

Un día su boca escupió un cuerpo

lo encontró un remero, dijo: es Fiorella

y todos vieron en la tele cómo la camilla llevaba

un bulto tapado con sábanas blancas.

Ella cayó con la tormenta en El Antoñico

y viajó por los túneles debajo del cemento

mientras la buscaban repitiendo su nombre en rezos

bañados de una lluvia imparable.

El río chupa cada vertiente de esas venas.

Deja que le depositen plásticos, latas y huesos.

Toma como ofrenda o en un gesto resignado

acepta, porque el río es un altar.

Algún día las aguas van a volver por lo que dieron

y van a llenar

cada orilla del ojo que lo mire

con sus escamas.

Autor: Carlos Áldazabal

Poema: “Mauritania es un país con nieve”

“Vengo de la nieve”, me dijiste

en las calles del Cuzco.

“Mauritania es un país con nieve”, pensé,

y poco importó

si Mauritania

era real,

si tenía nieve,

desiertos o praderas,

porque venías de la nieve,

y no estabas en el Cuzco,

ni Mauritania era tu país,

ni yo el que caminaba

a tu lado.

 

No sé por qué

tu nombre

se queda

en Mauritania.

 

Ni siquiera

es el fuego

que derrite la nieve,

ni la isla insegura

al borde del tsunami.

 

Puede que sea el mar

el que una todo.

Porque la nieve es agua

dispuesta

a desplazarse,

iceberg preocupado

por mantener su forma,

pero siempre mortal

para el naufragio.

“De la nieve venimos y a la nieve vamos”,

cantaban las sirenas

en mi oído.

“Nieve serás, mas nieve enamorada”, repetían.

Y Mauritania era un oasis

en el mar,

y tu cintura de sal,

nieve en mis manos,

y tu corazón,

hoguera alumbrando la noche.

“Vengo de la tarde”,

me dijiste en Colonia.

Y yo pensé que Mauritania

era un acantilado.

Poco importaba

el atardecer,

porque en Uruguay

no éramos nosotros

ni ese faro era el faro

que ardía por los sueños,

ni esa puesta de sol

la redención del agua.

Pero Mauritania es tu país.

Sé que venís de un lugar

donde la nieve cae.

Sé de tu luz

que guía en la tormenta.

Tarde por tus ojos

con que se alumbra el mundo

para volver a vos.

He llegado a tu orilla.

Estoy de nuevo en Ítaca,

en Mauritania.

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