
29 Nov Poemas de viajes y descubrimientos
En esta selección de poemas, nos embarcamos en un viaje tanto exterior como interior, explorando paisajes lejanos y también los rincones más profundos de nuestra existencia. Los versos nos invitan a descubrir nuevos horizontes, a cuestionar lo conocido y a abrazar el proceso de transformación que surge al enfrentarnos con lo desconocido. Ya sea a través de un viaje físico a tierras lejanas o de una travesía personal hacia el autoconocimiento, estos poemas nos recuerdan que cada paso, cada encuentro, tiene el poder de revelarnos algo nuevo sobre el mundo y sobre nosotros mismos. ¡Que este viaje poético despierte en ti el deseo de explorar y descubrir!

Autor: Mercedes Araujo
Poema: “Viajar sola”
La travesía no será aliviada.
Nací entre montañas, persigo la hierba
y ansío el desierto.
El desierto iguala a los peregrinos.
¿Y a las peregrinas?
A las peregrinas nos mueve la luz
que se desplaza.

Autor: Diego Bentivegna
Poema: “Carta a K”
Hay además un hecho
en verdad digno de admiración,
y es que en el Reino de Chile,
en la parte occidental de los Andes
en la costa del mar Pacífico,
no se encuentra víbora, ni serpiente,
ni ningún otro animal,
ni se sienten nunca
rayos, ni truenos,
al contrario de lo que pasa
en la parte oriental de la dicha montaña,
donde se encuentran –en el desierto
de las pampas que van hasta el Paraguay–
serpientes
y otros innumerables
animales venenosos
y no faltan estrépitos de truenos y de rayos
y otros fenómenos,
y los cambios meteorológicos
son frecuentísimos.
Cuál sea la causa de ellos
queda reservado a ti,
Athanasius, investigarlo.

Autor: Belén Zavallo
Poema: “El dios líquido”
El río tiene escamas y nada sobre su propia panza.
Invita a los dorados a esconderse detrás de sus islas
los deja que salten y que reflejen su costado más claro.
El río tiene la bondad de un dios generoso.
Ruge su hambre divina
y el enojo de su estómago ancla un trueno en sus tripas.
Un día su boca escupió un cuerpo
lo encontró un remero, dijo: es Fiorella
y todos vieron en la tele cómo la camilla llevaba
un bulto tapado con sábanas blancas.
Ella cayó con la tormenta en El Antoñico
y viajó por los túneles debajo del cemento
mientras la buscaban repitiendo su nombre en rezos
bañados de una lluvia imparable.
El río chupa cada vertiente de esas venas.
Deja que le depositen plásticos, latas y huesos.
Toma como ofrenda o en un gesto resignado
acepta, porque el río es un altar.
Algún día las aguas van a volver por lo que dieron
y van a llenar
cada orilla del ojo que lo mire
con sus escamas.

Autor: Carlos Áldazabal
Poema: “Mauritania es un país con nieve”
“Vengo de la nieve”, me dijiste
en las calles del Cuzco.
“Mauritania es un país con nieve”, pensé,
y poco importó
si Mauritania
era real,
si tenía nieve,
desiertos o praderas,
porque venías de la nieve,
y no estabas en el Cuzco,
ni Mauritania era tu país,
ni yo el que caminaba
a tu lado.
No sé por qué
tu nombre
se queda
en Mauritania.
Ni siquiera
es el fuego
que derrite la nieve,
ni la isla insegura
al borde del tsunami.
Puede que sea el mar
el que una todo.
Porque la nieve es agua
dispuesta
a desplazarse,
iceberg preocupado
por mantener su forma,
pero siempre mortal
para el naufragio.
“De la nieve venimos y a la nieve vamos”,
cantaban las sirenas
en mi oído.
“Nieve serás, mas nieve enamorada”, repetían.
Y Mauritania era un oasis
en el mar,
y tu cintura de sal,
nieve en mis manos,
y tu corazón,
hoguera alumbrando la noche.
“Vengo de la tarde”,
me dijiste en Colonia.
Y yo pensé que Mauritania
era un acantilado.
Poco importaba
el atardecer,
porque en Uruguay
no éramos nosotros
ni ese faro era el faro
que ardía por los sueños,
ni esa puesta de sol
la redención del agua.
Pero Mauritania es tu país.
Sé que venís de un lugar
donde la nieve cae.
Sé de tu luz
que guía en la tormenta.
Tarde por tus ojos
con que se alumbra el mundo
para volver a vos.
He llegado a tu orilla.
Estoy de nuevo en Ítaca,
en Mauritania.